El espacio asignado para la Bienal del Mediterráneo es una gran sala del Museu Marítim de les Drassanes donde destaca su gran altura.
El montaje se plantea como un banco de peces que hacen de soporte de todas las obras expuestas y, al mismo tiempo, organizan el espacio y el recorrido de los visitantes.
La forma de los soportes permite la exhibición individualizada de todas las piezas, jugando con planos verticales de tela para los cuadros y planos horizontales de sal para las esculturas.